REVELACIÓN DEL ÁNGEL ARCABUCERO
I
Cuando la Noche y su alegre navaja se acercan entre nubes grises amontonadas por el odio, aquel tiempo es el adecuado para que la mujer alada descienda en busca de su objeto taciturno. Sí, el Ángel arcabucero, brillante fusil y negrísima cabellera, ella tiene por misión reducir a pedazos al endemoniado anti-diurno entre sábanas púrpuras y la seducción de un ardiente acto amatorio.
II
El estudiante de Letras vive agobiado entre pilares de libros y apolillados documentos, además de reprimir sus sedientos deseos por culpa de la monotonía y el laboral-cartón. Algunos exitosamente son condecorados con la corbata y el saco; muchos otros desembocan en las fauces de la procrastinación. Un interminable lustro sin conocer el oscuro lascivo secreto mejor guardado por la déspota administración.
III
El sol se ahoga en naranjos mares de nubes y es sepultado sin tristeza en el sepulcral horizonte. Las sombras salen del mundo inconcebible y tornan a la huaca un aspecto mucho más amenazante. Cada noche Letras sabe, teme la llegada del resucitado mientras el estudiante, incrédulo, desconoce el peligro que habita al caminar por los pasillos azules. Un deseo, un anhelo, un latido imperceptible, pero no por ello ignorado, empieza a crecer en el pecho del hombre. Se dibuja una cínica sonrisa mientras bulle el deseo impostergable de amar con violencia y trasgredir los caducos códigos morales.
IV
Beso y te deseo con la más voluptuosa de las miradas. Vienes hacia mí atraída por tu innata curiosidad de escudriñar lo desconocido. Brota como un regalo de flor la confianza, producto de mi trato afable y docto. Luego del reconocimiento y del mutuo acuerdo, sellamos el indeleble pacto. Bajo un cielo preñado de estrellas, el follaje del Jardín se torna escenario vivo del vino y la hierba. Alegre sonríes y no despegas tus ojos profundos, embriagados, de mí. Solo tu belleza es comparable con el crimen pronto a cometer. Y suena el primer mordisco y nos revolcamos en el césped. Nacen, al fin, grandes alas de condenado y te atrapo entre mis brazos junto a innumerables aletazos. Loca, sudorosa, desorbitada, hirviente, temblorosa, jadeante, húmeda, pero sumamente insaciable, te transformas en una más de entre mis filas. Querida, esta noche reina en tu mente la cópula; y desde hoy, esparcida la semilla, habito de cabeza en lo más caliente de tu profunda gruta.
V
En lo más recóndito de la sala, quizás en un estante olvidado, bajo amarillentos archivos y secretos documentos, existe un extraño libro que la Escuela no quiere revelarnos. Su arcano mensaje escrito por qué pluma maldita no debe ser leído nunca por ojos no iniciados, ni mucho menos por el estudiante de Letras a quien se le debe impedir todo conocimiento. Ahora es momento de revelar parcialmente el contenido. Es la contradicción eterna entre el Ángel arcabucero y el Vampiro. Afirmación y negación que se oponen una a otra y que recíprocamente se destruyen. Estos seres, extraños a este mundo, deambulan entre nosotros ocultos en el día, pero libres por la noche. La mujer del fusil busca en cada hombre encontrar al anti-diurno y ejecutarlo; y este busca, en cada cópula, encontrar y morder a la mujer del fusil. Pero hay una marca que los une como a semejantes. Es el pecado de la lujuria, el deseo sexual insaciable que los atormenta y los mueve. Quien acabe con el otro tendrá la posibilidad de redención. La orgiástica batalla se ha desatado en Letras.